martes, 12 de abril de 2011

Incoherencia sistémica (Mi intervención en el Workshop en Pùcón)


Incoherencia sistémica. Este es el primer problema de nuestro sistema penal juvenil, a tres años de su puesta en marcha en Chile.
Ricardo Pérez-Luco lo refiere al exponer el proyecto en su presentación.

Si bien es cierto existen otros problemas, incluso más allá de los enunciados en el diagrama, un meta problema es no priorizarlos y dedicar esfuerzos a tareas importantes `pero que, en este momento, no son de primera magnitud.

Con todo respeto por aquellos que han mencionado la justicia restaurativa (y yo he organizado seminarios para introducir esta práctica en Chile ya el 2002), discutir su incorporación a nuestro sistema es hablar del piso 13 del edificio cuando los primeros tres pisos están en llamas.
Y los primeros tres pisos son la sobrepoblación de 8 centros; la falta de especialización de los actores, principalmente, fiscales y jueces; la ausencia de un modelo estandarizado de diagnóstico e intervención al interior de los centros, y la incoherencia sistémica.

¿Por qué le asigno prioridad este último elemento? Porque basta ver la experiencia comparada de Costa Rica p.ej., para darse cuenta que siempre la puesta en marcha de estos sistemas es conflictiva. Nunca se otorgan todos los recursos necesarios, hay contradicciones en las políticas públicas, hay altas expectativas, siempre hay déficits de formación, pero si existe una instancia de coordinación, esos problemas pasan al listado de los desafíos y se arma una ruta de avance concordada entre todos los actores públicos y la sociedad civil.
Cuando se carece de esa instancia, de ese foro, de esa mesa, las inarticulaciones agravan las falencias, los recursos se tornan ineficientes, se generan diálogos desde la desconfianza institucional, y se carece de un cierto horizonte compartido. Ese, creo, ese es el caso de Chile.

Esa incoherencia se expresa de múltiples maneras. Desde las vergonzosas diferencias en las estadísticas sobre cuántos adolescentes estuvieron en internación provisoria el año pasado, entre fiscalía, defensoría y Sename (el poder judicial ni siquiera muestra sus cifras en este sentido), hasta los desacuerdos operacionales en torno a algunos pilotos, como los tribunales de tratamiento.

¿Qué tenemos por mientras? ¿Con qué nos quedamos para hacer pie? Bueno, creo que con experiencias locales, con pilotos. Emblemático es el caso del juez presente en este seminario, el magistrado Juan Opazo. Su sala especializada en el 4º tribunal de garantía surge no de una instrucción superior, sino del convencimiento de que dentro de sus facultades, esta es una buena decisión normativa y de gestión. Y esa instancia genera un circuito, genera conocimiento, valida a determinados actores frente a sus pares. En igual sentido, el trabajo de Unicef en la región de Valparaíso, donde destaca su llegada a la Corte de Apelaciones, que se compromete en el esfuerzo.

En lo micro, creo, es dónde encontraremos por los próximos años las mejores prácticas de justicia juvenil.

1 comentario:

kurt dijo...

coincido contigo, el tema es que en esto no partieron todos los actores sino que los mas convencidos y se fueron sumando otros en el camino, pero sin la base necesaria para enfretyar lo que se venia. De hecho hasta el dia de hoy hay temas que son complejos,, garantismo por ejemplo... creo que hay que seguir discutiendo en la busqueda de el sistema chileno, pero para esto no dejar de lado al profesional o educador que esta a diario frente a los jovenes. No creamos que lo tyenemos todo resuelto, ese es el primer error.